
El fuego es imprevisible. Los incendios están controlados hasta que se descontrolan. Las llamas no entienden de nombres de sierras ni distinguen entre un pueblo, una casa, un árbol o una persona. De cerca se aprecia mucho mejor el peligro. Tomemos conciencia de su amenaza y demandemos que se actúe con responsabilidad, hay demasiado en juego...